Cuando la reina victoria era una niña, no sabía que estaba en la línea del trono de Inglaterra. Sus maestros intentaron prepararla para esa posición pero fracasaron en motivarla a tomar sus estudios en serio. Finalmente, le dijeron que un día ella sería una reina. Victoria contestó tranquilamente: “Entonces seré buena.” Cuando comprendió su elevado llamamiento y el papel que jugaría en el reino, fue inspirada con un sentido de responsabilidad que produjo un impacto positivo en su conducta. Somos hijos e hijas del Altísimo, futuros reyes y reinas, y hemos recibido un elevado llamamiento para restaurar toda institución original, incluso el vínculo matrimonial, a su condición primera, como un anticipo del cielo, que empezamos a disfrutar ya en la tierra.

Una Institución Divina
La familia es el núcleo de la sociedad, cuyo bienestar, reflejado en la prosperidad de la nación, depende de las influencias del hogar. Asimismo, el éxito de la iglesia es producto de hogares bien establecidos. Por lo tanto, la institución del matrimonio, que está incorporada en la familia, tiene un lugar importante en el plan de Dios para restaurar todas las cosas antes de la segunda venida de Cristo.
.La institución del matrimonio es de origen divino. El hombre no debía vivir en soledad. Puesto que “no es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18), Dios le dio una compañera a Adán, “una ayuda idónea para él,” y los declaró marido y mujer. Su posición es bien definida como “una colaboradora”. (Literalmente, “una ayuda,” ezer, abstracto por concreto; definida además como “su contrapartida,” keneghdo; literalmente, como de acuerdo con él.) Ella debía ser su compañera, ser uno con él en amor y simpatía, para que se animaran y apoyaran en todo momento.

El Trabajo en Equipo
Para que la relación de matrimonio sea exitosa, debe existir amor entre el esposo y la esposa. El matrimonio es un compromiso y una profunda dedicación entre ambos esposos, para su bienestar, un fuerte deseo de compartir juntos la vida, y una firme determinación de acceder a una lealtad vitalicia.
El equipo está compuesto de un esposo y una esposa, no simplemente de un hombre y una mujer. En el plan de Dios no existe la formación de una pareja matrimonial con dos mujeres o dos hombres. Esto no es matrimonio; es más bien una perversión de la relación matrimonial. Según la palabra de Dios, la relación matrimonial, cuando es mantenida pura e inmaculada, es una institución sagrada. El matrimonio no es solamente una relación social, un acuerdo económico, o simplemente un contrato legal. Es una relación santa, sagrada, dada por Dios. Sin Dios, el matrimonio está desprovisto de su ingrediente fundamental.
Aquellos que piensan casarse deben considerar seriamente la influencia que su futuro cónyuge ejercerá en el hogar y estar seguros de que su unión promoverá la gloria de Dios.

El Círculo Familiar
El padre siempre debe ser un modelo a imitar en santidad, amor y consideración por su pequeño rebaño, y la madre debe estar a su lado como un ejemplo de amabilidad, bondad y nobleza.
En el círculo del hogar, el ambiente que rodea a padres y madres llena la casa entera. Los hijos, como adquisición de la sangre de Cristo, son la propiedad de Dios confiada a los padres. Dios quiere que nuestros hijos sean enseñados desde su niñez a compartir los deberes de la casa. Cada hogar cristiano debe tener reglas; y los padres deben dar a sus hijos un ejemplo precioso y vivo. Los hijos deben sentir que están en deuda con sus padres, que han velado por ellos y cuidado en todo momento. "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da." (Éxodo 20:12.) Éste es el primer mandamiento con promesa.
"Los hijos que deshonran y desobedecen a sus padres, y desprecian sus consejos e instrucciones, no pueden tener parte en la tierra renovada. La nueva tierra purificada no será para el Hijo o la hija que hayan sido rebeldes, desobedientes e ingratos."'
"[El hogar] debe ser un pequeño cielo en la tierra, un lugar donde los afectos son cultivados en vez de ser estudiosamente reprimidos. Nuestra felicidad depende de que se cultive así el amor, la simpatía y la verdadera cortesía mutua."2
''Una familia bien ordenada y disciplinada, habla más en favor del cristianismo que todos los sermones que se puedan predicar."3
Por lo tanto, nosotros, los que llevamos el mensaje de Elías, enfatizaremos la importancia de la familia cristiana y el papel de un hogar bien fundado. ¡Quiera Dios bendecirnos ricamente al tratar de examinar este asunto en detalle!
Referencias:
1 Testimonies, tomo 1, págs. 497, 498.
2 El Hogar Cristiano, pág. 11.
3 TheReview and Herald, Junio 6,1899.