Por A. C. Sas
Cuando, el niño es pequeño dirige sus palabras al padre, diciendo: “Papá.” Esa voz suena como dulce música a los oídos de un buen padre. Cuan agradable es oír que él es alguien, al dirigírsele con tan cariñosa palabra. Comprende que su posición en la familia es muy estimada, y que es la más alta autoridad en el hogar, y al mismo tiempo es el mayor responsable por el bienestar de su familia.Ser padre involucra un gran privilegio y una tremenda responsabilidad. El padre es en gran parte responsable por el bienestar y la prosperidad de toda la familia. Significa más que considerarse simplemente cabeza de la familia, subordinando a su esposa y a los niños bajo su cuidado. Un buen padre es el vínculo de la familia, la cinta que rodea a todos los componentes de la familia. Él es el círculo que encierra a todos en el hogar, como protector, proveedor y guardián.
“Todos los miembros de la familia giran alrededor del padre. Es el legislador y en su conducta viril ilustra las virtudes más austeras: la energía, la integridad, la honradez, la paciencia, el valor, la diligencia y la utilidad práctica. El padre es en un sentido el sacerdote de la familia, que dispone sobre el altar de Dios el sacrificio matutino y vespertino.”
Un Padre Ideal
Ser un buen padre es un secreto que muy pocos comprenden. Un padre ideal es tierno, compasivo, lleno de simpatía y amor hacia todos en la familia. Mostrará paciencia, y refrenará su enojo cuando es provocado por las circunstancias o por alguien en la familia o en la sociedad. Mostrará juicio maduro en cada aspecto de la vida diaria. Dirigirá sabiamente todos los planes a ser seguidos en su casa.“El padre debe destacarse a la cabeza de su familia, no como un niño crecido, pero indisciplinado, sino como un hombre de carácter viril, que domina sus pasiones. Debe obtener educación en una moral correcta. Su conducta en la vida familiar debe ser dirigida y refrenada por los principios puros de la Palabra de Dios.”2
El padre normalmente está fuera de casa durante el día. Está ocupado ganando el sustento para la familia. Su trabajo puede ser en la fábrica, en una oficina, o en una empresa comercial. Si la familia vive en el campo, el padre puede ocuparse en el cultivo de la tierra, arando, plantando, o cosechando la mies. Gran parte de las responsabilidades del hogar recaen en la esposa. Cuando el marido llega a la casa, su semblante debe brillar con alegría, al ver la esposa sonriendo, y los niños que corren para encontrarlo en la puerta, y abrazarlo. Es posible que la rutina de su trabajo no haya transcurrido tan fácilmente como debiera, que el negocio no haya sido tan beneficioso hasta el punto de afectar los ingresos, o que otros inconvenientes le hayan disgustado. Un padre ideal recordará dejar todas estas preocupaciones fuera del portón, y llevar a su casa un semblante agradable.
“El padre debería ver en qué forma puede hacer feliz a la madre. No debería permitirse llegar a su hogar con el ceño fruncido. Si está confundido a causa de sus negocios, no debería, a menos que fuese estrictamente necesario, comentar sus problemas con su esposa y perturbarla con tales asuntos. Ella tiene que soportar sus propias preocupaciones y pruebas, y por lo tanto habría que evitarle tiernamente toda carga innecesaria.”3
“Cualquiera que sea la vocación del padre y cualesquiera que sean sus perplejidades, debe él conservar en su casa el mismo rostro sonriente y tono placentero con que saludó todo el día a los visitantes y a los extraños. Sienta la esposa que puede apoyarse en los amplios afectos de su esposo, que los brazos de él la fortalecerán y sostendrán en todos sus afanes y cuidados, que su influencia apoyará la de ella, y su carga perderá la mitad de su peso.”4
Cuando él llega a casa al final del día, si su esposa no tiene la cena lista, debe unirse para ayudarle en la preparación de la misma. Si los niños necesitan de alguna ayuda para bañarse, encárguese el padre de estas necesidades, y alivie la carga de la madre. Su participación en el hogar hará impresión en las mentes de los niños, y cuando ellos crezcan imitarán a su padre.
“Los hijos buscan sostén y dirección en el padre, quien necesita tener un concepto correcto de la vida y de las influencias y compañías que han de rodear a su familia. Ante todo, debería ser dirigido por el amor y temor de Dios y por la enseñanza de la Palabra divina, para poder encaminar los pasos de sus hijos por la buena senda.”5
Como un Educador

Un padre debe comprender su deber y responsabilidad de enseñar a sus hijos. En los primeros años de existencia, el padre, junto con la madre, deben educar a sus hijos en la forma de vivir. Porque aquello que los pequeños aprenden en su tierna edad no será olvidado a lo largo de sus vidas. El carácter de los hijos debe ser modelado cuando todavía son muy jóvenes. El padre tiene especialmente el deber de educar a los hijos. No puede permitirse el lujo de descuidar su deber sin encontrarse con el resultado de su negligencia. El Señor le considerará responsable si no cumple su deber. Un buen padre no sólo sentirá la obligación de instruirá sus hijos, sino que encontrará deleite haciendo tan noble obra. Su corazón se llenará de satisfacción cuando vea el resultado de su labor. El padre no es solamente responsable de enseñar a los hijos cómo leer y escribir, también debe educarlos en los hábitos y prácticas correctos. No sólo impondrá sobre sus hijos deberes y cargas, sino que dará un ejemplo correcto ante ellos, mostrando que ha aprendido a ponerse bajo la autoridad de Dios. La familia de un padre tal será una bendición para el mundo y la iglesia.
“Si el padre quiere que sus hijos desarrollen caracteres armoniosos, y sean un honor para él y una bendición para el mundo, tiene una obra especial que hacer. Dios lo considera responsable por esa obra. En el gran día del juicio se le preguntará: ¿Dónde están los hijos que confié a tu cuidado a fin de que los eduques para mí, para que sus labios pronuncien mi alabanza, y sus vidas sean como una diadema de belleza en el mundo, y vivan para honrarme a través de toda la eternidad?”6
“Durante los primeros años del niño la tarea de modelar su disposición incumbe principalmente a la madre; pero ella debe sentir en todo momento que en su obra tiene la cooperación del padre. Si los negocios a los cuales se consagra él le impiden casi totalmente ser útil a su familia, debe procurar otro empleo que no le prive de dedicar algún tiempo a sus hijos. Si los descuida, resulta infiel al cometido que Dios le confió.”7
El Sacerdote de la Familia
En una familia feliz, el padre nunca dejará el hogar sin primero reunir a los miembros de la familia para el culto matutino. Él es el sacerdote de la familia. La esposa y los hijos deben unirse al padre cantando, leyendo la Palabra de Dios, y orando, pidiendo la protección de Dios para el día.
“En cierto sentido, el padre es el sacerdote de la familia, en cuyo altar ofrece sacrificio matutino y vespertino. Pero la esposa y los hijos deben unirse con él en la oración y en el canto de alabanza. Por la mañana, antes de irse a sus quehaceres cotidianos, reúna el padre a sus hijos en torno suyo, y, postrados ante Dios, encomiéndelos al cuidado del Padre celestial. Cuando hayan pasado los afanes del día, vuélvase a reunir la familia en oración de acción de gracias y en canto de alabanza, para reconocer el cuidado divino del cual fue objeto durante el día.”8
De la experiencia de Abrahán y otros patriarcas aprendemos que ellos ofrecían sacrificios a Dios por la mañana y por la tarde. Éstos están representados hoy por el culto matutino y vespertino ofrecidos a Dios. Por la mañana debe buscarse la protección y la dirección del Señor, y al final del día la familia debe reunirse nuevamente para agradecer al Señor por el ministerio de los santos ángeles. Al mismo tiempo deben pedirle al Señor que esté con ellos durante la noche, para que puedan recuperar su fuerza y despertar en la mañana renovados para los deberes del día.
“Debe haber una hora determinada para levantarse por la mañana, una hora para el desayuno, y una hora para la oración, ya sea inmediatamente antes o después del desayuno. Cuan apropiado es para los padres reunir a sus hijos a su alrededor antes del desayuno, y dirigir sus jóvenes mentes a nuestro Padre celestial, quién imparte sobre nosotros los dones de su providencia. Demos gracias a Dios por protegerlos durante la noche, y pidamos la ayuda, la gracia y el vigilante cuidado de los ángeles a lo largo del día.”
“El padre, que es el sacerdote de su casa, debiera dirigir los cultos matutino y vespertino. No hay razón para que este no sea el ejercicio más interesante y agradable de la vida hogareña, y Dios es deshonrado cuando se lo hace seco y tedioso. Sean cortas y animadas las reuniones del culto familiar. No permitáis que vuestros hijos o cualquier otro miembro de la familia les tengan miedo por ser tediosos o faltos de interés. Cuando se lee un capítulo largo y se lo explica y se eleva una larga oración, este precioso servicio se hace cansador y es un alivio cuando termina.”10
Pase tiempo con sus Hijos
Nada es más agradable que saber que los hijos tienen plena confianza y seguridad en sus padres. El padre debe pasar mucho tiempo con sus hijos, sobre, todo mientras son pequeños. Debe tener diálogo con ellos. Los hijos tienen facultades intelectuales tal como los adultos; son personas que piensan. Una agradable conversación con los hijos tiene mejor efecto en su educación que una reprensión o castigo.“Tome tiempo para leer con sus hijos libros de salud, así como libros que tratan más específicamente de temas religiosos. Enséñeles la importancia de interesarse por el cuerpo, la casa en que ellos viven. Forme un círculo de lectura del hogar, en el que cada miembro de la familia dejará a un lado las ocupaciones del día, y se unirá en estudio. Padres, madres, hermanos, hermanas, dedíquense a esta obra con entusiasmo, y vean si la iglesia del hogar no mejorará grandemente.”
El padre que no toma tiempo para estar con sus hijos lamentará su error más tarde. En algunos casos será demasiado tarde para redimir el pasado. Cuando los hijos están interesados en hablar con su padre y tienen deseo de ser oídos por él, con frecuencia dice: “No tengo tiempo ahora; estoy muy ocupado.” Cuando crezcan sin desarrollar una amistad íntima con el padre, los hijos estarán ocupados en temas sin importancia o incluso perjudiciales, y aunque el padre desee hablar con ellos, dirán: “Discúlpame, papá, no tengo tiempo. Cuando deseé hablar contigo en mi niñez, siempre estabas ocupado. Nunca tuviste tiempo para escucharme. Ahora estoy ocupado, sin tiempo para escucharte.” Las palabras inspiradas dan una solemne advertencia a tales padres:
“No tengo tiempo, dice el padre, no tengo tiempo para brindar instrucción a mis hijos, no tengo tiempo para los goces sociales y domésticos.” Entonces no debería haber tomado sobre sí la responsabilidad de una familia. Al retener el tiempo que es debidamente suyo, les roba la educación que deben tener de sus manos. Si tiene hijos, tiene una labor que hacer, en unión con la madre, en la formación de sus caracteres. Los que sienten que tienen un llamado imperativo para trabajar por el mejoramiento de la sociedad, mientras sus propios hijos crecen rebeldes, deben indagar si no se han equivocado en su deber. Su propia familia es el primer campo misionero en el que se exige que los padres trabajen. Los que dejan crecer en el jardín del hogar espinas y malezas, mientras manifiestan gran interés en el cultivo de la tierra de su vecino, están desatendiendo la palabra de Dios,”
“El padre mediocre desaprovecha muchas oportunidades doradas de atraer y unir a sus hijos a él. Al regresar a casa de su ocupación, debe encontrar un cambio agradable, el pasar algún tiempo con sus hijos.”13
“El padre no debe dejarse absorber tanto por sus negocios o el estudio de los libros, que no pueda tomar tiempo para estudiar la naturaleza de sus hijos y sus necesidades. Debe ayudar a idear maneras para mantenerlos atareados en trabajos útiles que concuerden con sus diversas disposiciones.”14
“Padres, dedicad tanto tiempo como sea posible a estar con vuestros hijos. Procurad familiarizaros con sus diversas disposiciones, a fin de saber educarlos en armonía con la Palabra de Dios.”15
Actitudes Negativas
Es muy frecuente el caso en que el padre está absorto en la lucha por el sustento o está empecinado en adquirir riquezas, y permite que la madre lleve la mayor parte de las cargas que sobrepasan su fuerza. El resultado es debilidad y enfermedad en la esposa y madre. El padre debe compartir las cargas en lugar de dejarlas a su compañera.
En otras ocasiones la madre se encuentra con el frío encierro del padre. Si la rutina de la vida no marcha fácil-mente o tan agradablemente como al marido le gustaría que sea, culpa a su esposa de la falta de éxito. Haciendo esto está obrando contra su propia felicidad e interés.
“Con frecuencia él regresa a la casa trayendo consigo sus preocupaciones y perplejidades comerciales que ensombrecen la familia, y si no encuentra todo justo como desea, da rienda suelta a sus sentimientos de impaciencia y crítica. Puede alardear de lo que ha logrado durante el día, pero el trabajo de la madre, para su mentalidad, suma poco, o como mínimo es subestimado. Para él sus preocupaciones parecen insignificantes. Ella sólo tiene que cocinar, cuidar a los niños, a veces una familia numerosa, y mantener la casa en orden. Ella ha intentado mantener todo el día en marcha la maquinaria doméstica sin problemas. Ha intentado, aunque cansada y perpleja, hablar amable y alegremente, e instruir a los hijos y conservarlos en el camino correcto. Todo esto ha costado esfuerzo, y mucha paciencia de su parte. No puede, a su vez, jactarse de lo que ha hecho. Le parece como si no hubiera logrado nada.”16
Actitudes Positivas
Un buen padre entenderá y apreciará las preocupaciones y dificultades que soporta su esposa. Ella está normalmente encerrada en un ciclo de deberes hogareños que no son fáciles de llevar a cabo. Cuando el padre llega a casa debe traer alegría al círculo familiar. Debe ayudar a su esposa en la conclusión de la comida que ella está preparando. Debe recordar que su esposa ha sido niñera, cocinera, lavadora, sirviente, y sus esfuerzos deben ser profundamente apreciados por lo que ha hecho en el hogar.
El padre ideal entenderá y se dignará tomar a un niño intranquilo de los brazos de su madre, para que su esposa pueda cumplir las tareas pendientes. Si el niño está inquieto, intentará calmarlo; actuará como niñero o sirviente. Recordará que su esposa ha pasado muchas horas haciendo este trabajo. El hijo pertenece a ambos, y debe considerarse bajo el sagrado compromiso de tomar parte en la obligación de criar al niño.
El padre ejemplar no pasará su tiempo sin hacer nada. Un hombre indolente siempre tendrá necesidad y pobreza. Un buen padre será diligente, y con honestidad y sacrificio ganará el pan diario. Será fiel en su empleo. No permitirá ningún fraude. Ningún engaño se verá en su trato tanto en el hogar como fuera de él. Practicará la hospitalidad, agasajará a las visitas en su casa, y ayudará al necesitado y al pobre.
Un buen padre y marido siempre recordará el compromiso que hizo en el altar de la boda, de ser fiel y mantener ese voto. Si surgen perplejidades y desilusiones en su vida de casado, o sus expectativas no se cumplen tal como había pensado antes del matrimonio, mostrará tolerancia, templanza, paciencia y amor, lo que vencerá montañas de dificultades. Sus pensamientos siempre serán santos, elevados y nobles, y no permitirá el pensamiento de separarse de quien ha elegido para ser su compañera para la vida.
“Cuan cuidadoso debe ser el marido y padre para mantener lealtad a sus votos matrimoniales. Cuan circunspecto debe ser su carácter, para que no aliente pensamientos en las muchachas jóvenes, o incluso en mujeres casadas que no están de acuerdo con la alta y santa norma, los mandamientos de Dios. Esos mandamientos que Cristo muestra son sumamente amplios, alcanzando incluso los pensamientos, intenciones y propósitos del corazón. Aquí es donde muchos infringen la ley. Su corazón imaginativo no tiene la pureza y santidad de carácter que Dios requiere; y no importa cuán elevada sea su profesión, cuan talentosos puedan ser, Dios señalará la iniquidad en ellos y les tendrá como más culpables y merecedores de su ira que aquellos que tienen menos talento, menos luz menos influencia.”17
La Recompensa para un padre noble

La recompensa será concedida a un padre fiel, afectuoso, diligente, honrado y bueno que teme al Señor, aun en esta tierra. El salmista escribe: “Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, Bienaventurado serás, y te irá bien. Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre que teme a Jehová.” (Salmo 128: 14.)
“Entonces, amigos cristianos, padres y madres, ¿permitirán que su luz se apague? No, ¡nunca! ¿Permitirán que su corazón desfallezca, o se cansen sus manos? No, ¡nunca! Y luego se abrirán los portales de la ciudad celestial para ustedes; y podrán presentarse a sí mismos y a sus hijos ante el trono, diciendo, 'Heme aquí, y los hijos que me has dado. ' ¡Y qué recompensa tendrán por la fidelidad, de ver a sus hijos coronados con la vida inmortal en la hermosa ciudad de Dios!”18
“Lo he visto esforzarse en la pobreza, buscando el sustento para sí mismo y sus hijos. Muchas veces no supo qué hacer; el futuro parecía oscuro e incierto. En su dolor lloró ante el Señor, y él le confortó y ayudó, y rayos de luz llenos de esperanza brillaron a su alrededor. ¡Cuán precioso fue Dios para él en esas ocasiones! ¡Cuán dulce su amor reconfortante! Él sentía que tenía un precioso tesoro guardado en el cielo."19
“Al trabajar por vuestros hijos, valeos del gran poder de Dios. Confiad vuestros hijos al Señor en oración. Obrad por ellos fervorosa e incansablemente. Dios oirá vuestras oraciones y los atraerá a sí mismo. Luego, en el último gran día, podréis presentarlos a Dios diciendo: 'He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová.”20
Referencias:
1 El Hogar Cristiano, pág. 189.
2 Idem. pág. 190.
3 Mensajes Selectos, tomo 2, pág. 492.
4 El Hogar Cristiano, pág. 193.
5 El Ministerio de Curación, pág. 303.
6 The Signs of the Times, Diciembre 20, 1877
7 Hogar Cristiano, pág. 198.
8 El Ministerio de Curación, pág. 304.
9 The Signs of the Times, Agosto 7, 1884.
10 Conducción del Niño, pág. 493.
11 The Review and Herald, Julio 29, 1902.
12 Fundamental of Christian Education, págs. 65, 66
13 The Signs of the Times, Diciembre 6, 1877.
14 El Hogar Cristiano, pág. 198.
15 Idem., págs. 198,199.
16 Fundamentals of Christian Education, pág. 158,
17 Testimonies, tomo 5, págs. 594,595.
18 The Signs of the Times, Enero 14, 1886.
19 Testimonies, tomo 2, pág. 269.
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