Hermana mía, ¿te ha conferido Dios las responsabilidades de una madre? T
ienes una gran obra, un santo llamado. Si eres una de aquellas que deben ser la luz del mundo, esa luz debe brillar en tu hogar. Allí debes ejemplificar las gracias cristianas, ser amable, paciente, bondadosa, aunque firme…..
Las madres no aprecian ni la mitad de sus privilegios y posibilidades. No parecen entender que pueden ser misioneras en el más alto sentido, obreras con Dios ayudando a sus hijos a forjar un carácter simétrico. Ésta es la gran carga de trabajo dada por Dios. La madre es el agente de Dios para cristianizar a su familia. Debe ejemplificar la religión bíblica, mostrando cómo su influencia debe controlarnos en los deberes y placeres cotidianos, enseñando a sus hijos que solamente pueden ser salvos por la gracia, a través de la fe que es el don de Dios. Esta enseñanza constante acerca de lo que es Cristo para nosotros y para a ellos, su amor, su bondad, su misericordia, revelados en el gran plan de la redención, tendrán una impresión santificadora y consagratoria sobre el corazón.
La reprensión y el enojo, reuniendo nubes y oscuridad sobre el alma, sólo traerán sombra y desaliento en la vida del hogar. No permitan que una palabra de irritación, áspera o exaltada, escape de los labios. La gracia de Cristo aguarda su pedido. Su Espíritu tomará el control del corazón y la conciencia, gobernando sobre sus palabras y actos. Nunca pierdan el respeto de sí mismo por palabras precipitadas, irreflexivas. Observen que sus palabras sean puras, su conversación santa. Den un ejemplo a sus hijos de lo que desean que ellos sean.1
Una Influencia Celestial
Madres, es vuestro privilegio unir los hijos a vuestro corazón con las más tiernas y fuertes cuerdas del amor.2
La madre debe ser especialmente preparada para su señalada obra de paciente labor. Es su privilegio y sagrado deber instruir a todos los que están bajo su cuidado e influencia, mediante sus enseñanzas y su ejemplo, hacia vidas de utilidad. Cada mujer tiene una influencia sobre aquellos con quienes se asocia. Esa influencia puede ser buena o mala. La madre ejerce continuamente su influencia. Cada mirada de sus ojos, cada palabra que sus labios profieren, cada acto de su vida, lleva implícita una influencia que tiene el poder de afectar el carácter y el destino futuro de sus hijos. Esta influencia puede alegrar el corazón, o traer desánimo, y deformar el carácter.
En vista de estos hechos, las madres deben tomar tiempo para reflexión y oración. Deben buscar con fervor la sabiduría de Dios.3 Tenemos mucho que aprender con respecto a la educación del niño. Al enseñar al pequeño a hacer cosas, no debemos reñirle. Nunca debemos decir: "¿Por qué no hiciste esto?" Digan: "Niños, ayuden a mamá a hacer esto"; o: "Vengan, niños, hagamos esto". Seamos sus compañeros haciendo estas cosas. Cuando terminen su trabajo, felicítenlos.
Hace años los niños en mi casa estaban aprendiendo a tejer. Uno de ellos me dijo: "Mamá, me gustaría saber si estoy ayudándote al tratar de hacer este tejido. "Yo sabía que debería deshacer cada puntada, pero contesté: "Sí, hijo, estás ayudándome." ¿Por qué podía decir que ellos estaban ayudándome? Porque estaban aprendiendo. Como no hicieron las puntadas según debían ser hechas, deshice después cada puntada, pero nunca les condené por su fracaso. Pacientemente les enseñé hasta que supieron tejer correctamente.
La madre es la reina del hogar. No debe permitirles a sus hijos que la traten como una esclava. Muchas madres han bajado a la tumba con un corazón quebrantado, porque se hicieron esclavas, realizando tareas que debían de haber enseñado para que las hagan sus hijos. Cada madre debe enseñar a sus hijos que ellos son miembros de la empresa familiar, y deben llevar su parte en las responsabilidades de esta empresa. Cada miembro de la familia debe llevar estas responsabilidades tan fielmente como los miembros de la iglesia llevan las responsabilidades de la iglesia.4
Enséñeles a sus hijos el camino del Señor. En el culto matutino y vespertino únanse con ellos leyendo la Biblia y cantando hermosos himnos de alabanza. Aprendan a repetir la ley de Dios.5
Amor Refrenador
La salvación de los hijos depende en gran manera de la dirección seguida por los padres. Los niños deben ser refrenados, y sus pasiones dominadas, o Dios ciertamente los destruirá en el día de su ira; y los padres que no los han controlado no serán sin culpa. Esto es así porque la enseñanza del hogar es defectuosa, porque la juventud es tan mal dispuesta de someterse a la autoridad adecuada. Yo soy una madre. Sé de qué hablo cuando digo que la juventud y los niños no sólo están más seguros sino que son más felices bajo la sana represión que siguiendo sus propias inclinaciones. Padres, sus hijos e hijas no están debidamente protegidos. Nunca deben permitirles ir y venir cuando les place, sin su conocimiento y consentimiento. La libertad sin límites concedida a los niños en esta época ha demostrado ser la ruina de miles….
Las madres son responsables en gran medida de la salud y las vidas de sus hijos, y deben ser inteligentes con respecto a leyes de las cuales dependen la vida y la salud. Los padres deben enseñar a sus hijos a través del ejemplo que la salud debe ser considerada como la principal bendición terrenal; que todos los placeres e indulgencias que interfieren con la salud deben ser sacrificados. Si los hijos son enseñados en abnegación y dominio propio, serán mucho más felices que si se les permite satisfacer sus deseos de placer y extravagancia en el vestido.
El mundo puede pedir nuestro tiempo y afectos, la moda puede invitar nuestro apoyo pero las palabras del apóstol deben ser suficientes para proteger a las madres cristianas de la indulgencia del orgullo en el vestir y los entretenimientos desmoralizantes: "¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios." (Santiago 4:4.)
Las madres cristianas deben tomar su posición en la plataforma de la verdad y la justicia; y cuando instigadas a unirse con el mundo para apoyar las modas que destruyen la salud y desmoralizan, deben contestar: "Estamos haciendo una gran obra, y no podemos desviarnos. Buscamos desarrollar en nuestros hijos salud, caracteres dignos y bellos, que puedan bendecir al mundo con su influencia, y tengan belleza y gloria inmortal en el mundo por venir."6
Los niños se vuelven a menudo impacientes bajo las restricciones, y quieren cumplir su voluntad, e ir y venir como les place. Especialmente entre los diez y los dieciocho años, se inclinan a sentir que no hay daño alguno en ir a reuniones mundanales de compañeros jóvenes. Los padres cristianos experimentados pueden ver el peligro. Se han familiarizado con los temperamentos peculiares de sus hijos, y conocen la influencia que estas cosas tienen sobre su mente; y porque desean su salvación, debieran impedirles esas diversiones excitantes.7
Si mi voz pudiera llegar a los padres por todo el país, les advertiría que no cedieran a los deseos de sus hijos en la elección de sus compañeros o colegas. Poco se dan cuenta los padres que los jóvenes aceptan mucho más fácilmente las impresiones perjudiciales que las impresiones divinas; por lo tanto sus asociaciones deberían ser las más favorables para el crecimiento de la gracia y para que la verdad revelada en la Palabra de Dios se establezca en su corazón. Si los niños están con aquellos cuyas conversaciones tratan de cosas terrenales y sin importancia, sus mentes bajarán a ese mismo nivel. Si oyen burlas acerca de los principios de la religión y sé menosprecia nuestra fe, si se dejan caer en sus oídos objeciones sutiles a la verdad, estas cosas se fijarán en sus mentes y moldearán sus caracteres. Si sus mentes se llenan con cuentos, sean verdaderos o ficticios, no hay lugar para la información útil y el conocimiento científico que debiera ocuparlos.8
¡Vigilad, Vigilad, Vigilad!
Satanás trabaja a través de jóvenes compañeros para influenciar y adulterar las mentes de cada uno. Es la manera más eficaz en que puede trabajar. Los compañeros jóvenes tienen una influencia poderosa sobre los demás. Su conversación no siempre es selecta y elevada. Mensajes inicuos pueden ser murmurados en el oído, que, si no son decididamente resistidos, encontrarán albergue en el corazón, se enraizarán, y brotarán para dar frutos, corrompiendo sus buenos modales.9
Algunos están inclinándose constantemente hacia la mundanalidad. Sus opiniones y sentimientos armonizan mucho mejor con el espíritu del mundo que con el de los abnegados seguidores de Cristo. Es perfectamente natural que prefieran la compañía de aquellos cuyo espíritu concuerde mejor con el suyo. Y los tales tienen demasiada influencia entre el pueblo de Dios.
Dios no reconoce como seguidor suyo al que busca el placer. Únicamente los abnegados, los que viven con sobriedad, humildad y santidad, son verdaderos seguidores de Jesús. Y los tales no pueden disfrutar de la conversación frívola y vacía del que ama al mundo.10
A los jóvenes no se les debe dejar aprender sin discriminación el bien y el mal, pensando los padres que en alguna oportunidad futura el bien predominará y el mal perderá su influencia. El mal crecerá más rápidamente que el bien. Es posible que el mal que aprendan los niños pueda desarraigarse después de muchos años, pero ¿quién puede confiar en ello? El tiempo es corto. Es más fácil y mucho más seguro sembrar semillas limpias y buenas en los corazones de sus hijos, que desarraigar las cizañas más adelante.11
Nuestro Creador declara que los hábitos de la madre previos al nacimiento de su hijo afectarán su carácter y destino. Al hablar a... madre [la esposa de Manoa, en Jueces capítulo 13], el Señor habló a todas las madres ansiosas y apesadumbradas de este tiempo, y a todas las madres de las generaciones siguientes. Sí, toda madre puede comprender su deber ahora. Puede estar segura que el carácter de sus hijos dependerá enormemente más de sus propios hábitos antes de su nacimiento, y de sus esfuerzos personales después del mismo, que de ventajas o desventajas externas. Si la madre desea ser una maestra adecuada para sus hijos, formará hábitos de abnegación y dominio propio antes de su nacimiento.12
Si se disciplina debidamente a los hijos, pronto aprenderán que no conseguirán nada llorando o irritándose. Una madre juiciosa obrará para educar a sus hijos, no en lo que atañe a su comodidad presente sino también a su bien futuro.13
Los pobres pequeños no razonan para saber o entender el significado de una corrección a la edad de ocho, nueve o diez meses, y empiezan a mostrar obstinación desde muy chicos, y ésta es abrigada y nutrida por sus padres hasta que sus malas inclinaciones crecen con su desarrollo y se fortalecen con su fuerza.14
Mucho de la ansiedad y aflicción de los padres podría haberse evitado, si se hubiera enseñado a los niños desde la cuna que su voluntad no puede constituirse en ley ni ser complacidos continuamente sus caprichos. No es tan difícil, como se supone generalmente, enseñar a los niñitos que dominen sus estallidos de mal genio y sometan sus accesos de furia.
Pocos padres comienzan suficientemente temprano a enseñar obediencia a sus hijos. Generalmente se permite que el niño tome la delantera en dos o tres años a sus padres, quienes se abstienen de disciplinarlo, pensando que es demasiado joven para aprender a obedecer. Pero durante todo este tiempo el yo se va fortaleciendo en el pequeño ser, y cada día torna más difícil la tarea de los padres de dominar al niño. Los niños, a una edad muy temprana, pueden comprender lo que es más sencillo y fácil para ellos, y mediante métodos juiciosos, puede enseñárseles a obedecer. He visto con frecuencia a niños a quienes se les negó algo que querían, arrojarse al suelo enojados, dando puntapiés y gritando, mientras que la madre poco juiciosa alternativamente suplicaba y regañaba con la esperanza de restaurar el buen humor en su hijo. Este proceder tan sólo fomenta las pasiones del niño. La próxima vez procederá de la misma manera con terquedad aumentada, confiando en ganar la victoria como antes. Así se escatima la vara y se malcría al hijo.
La madre no debiera permitir que su hijo ganara terreno sobre ella ni una sola vez. Y a fin de mantener esta autoridad, no es necesario recurrir a medidas ásperas. Una mano firme y constante y la bondad que convence al niño de vuestro amor realizarán el propósito. Pero si se permite que el egoísmo, la ira y la obstinación se posesionen del niño durante los tres primeros años de su vida, resultará muy difícil someterlo a una disciplina conveniente. Su genio se ha tornado displicente; se complace en hacer su propia voluntad; el control paternal le resulta desagradable. Estas tendencias negativas se desarrollan con el crecimiento del niño, hasta que, en la adultez, el egoísmo supremo y la falta de dominio propio lo colocan a merced de los males desenfrenados de nuestra sociedad.15
A cada madre se confían oportunidades de valor inestimable e intereses infinitamente preciosos. Durante los tres primeros años de la vida del profeta Samuel, su madre le enseñó cuidadosamente a distinguir entre el bien y el mal.16
Muchos descuidan su deber durante los primeros años de la vida de sus hijos, pensando que cuando lleguen a ser mayores tendrán entonces mucho cuidado para reprimir lo malo y educarlos en lo bueno. Pero la época en que deben llevar a cabo esta obra es cuando los niños, son tiernos lactantes en sus brazos. No es correcto que los padres mimen y echen a perder a sus hijos; ni tampoco es correcto que los maltraten. Una conducta firme, decidida y recta producirá los mejores resultados.17
Cuando bajo tensión...
A veces todo parece ir mal. Hay intranquilidad en el ambiente, y todos pasan momentos desdichados. Los padres echan la culpa a los pobres niños, y piensan que son desobedientes e indisciplinados, los peores niños del mundo, cuando la causa de la dificultad reside en ellos mismos. Algunos padres suscitan muchas tormentas por su falta de dominio propio. En vez de pedir bondadosamente a los niños que hagan esto o aquello, les dan órdenes en tono de reprensión, y al mismo tiempo tienen en los labios censuras o reproches que los niños no merecieron. Padres, esta conducta para con vuestros hijos destruye su alegría y ambición. Ellos cumplen vuestras órdenes, no por amor, sino porque no se atreven a obrar de otro modo. No ponen su corazón en el asunto. Les resulta un trabajo penoso en vez de un placer; y a menudo por esto mismo se olvidan de seguir todas vuestras indicaciones, lo cual acrece vuestra irritación y empeora la situación de los niños. Las censuras se repiten; se les pinta con vivos colores su mala conducta, hasta que el desaliento se posesiona de ellos, y no les interesa agradaros. Se apodera de ellos un espíritu que los impulsa a decir: "A mí qué me importa", y van a buscar fuera del hogar, lejos de sus padres, el placer y deleite que no encuentran en casa. Frecuentan las compañías de la calle, y pronto se corrompen tanto como los peores.
¿Sobre quiénes descansa este gran pecado? Si el hogar fuera atractivo, si los padres manifestaran amor y afecto por sus hijos, y con bondad encontraran ocupaciones para ellos, instruyendo con amor cómo obedecer sus deseos, habrían tocado la cuerda de la respuesta en sus corazones, y sus pies bien dispuestos, y sus manos y sus corazones, estarían listos a obedecerles. Padres, mediante el dominio propio, hablando amablemente, elogiando a sus hijos cuando intentan hacer lo correcto, animarán sus buenos esfuerzos, haciéndolos muy felices, y logrando una atracción en el círculo familiar que desterrará toda sombra, y traerá la alegre luz del sol…
Padres, cuando os sentís nerviosos, no debéis cometer el gravé pecado de envenenar a toda la familia con esta irritabilidad peligrosa. En tales ocasiones, ejerced sobre vosotros mismos una vigilancia doble, y resolved en vuestro corazón no ofender con vuestros labios, sino pronunciar solamente palabras agradables y alegres. Decíos: "No echaré a perder la felicidad de mis hijos con una sola palabra de irritación." Dominándoos así vosotros mismos, os fortaleceréis. Vuestro sistema nervioso no será tan sensible. Quedaréis fortalecidos por los principios de lo recto. La conciencia de que estáis desempeñando fielmente vuestro deber, os fortalecerá. Los ángeles de Dios sonreirán al ver vuestros esfuerzos, y os ayudarán…
La madre puede y debe hacer mucho para dominar sus nervios y ánimo cuando esté deprimida. Aun cuando está enferma, puede, si se educa a sí misma, manifestar una disposición agradable y alegre, y puede soportar más ruido de lo que una vez creyera posible. Si las enfermedades, o la depresión de espíritu afecta a la madre, no debiera hacer sentir a los niños su propia flaqueza y nublar sus mentes jóvenes y sensibles, haciéndoles sentir que la casa es una tumba y que la pieza de mamá es el lugar más lúgubre del mundo. La mente y los nervios se entonan y fortalecen por el ejercicio de la voluntad. En muchos casos, la fuerza de voluntad resultará ser un potente calmante de los nervios.
No dejéis que vuestros hijos os vean con rostros ceñudos. Si ellos ceden a la tentación, y luego ven su error y se arrepienten de él, perdonadles tan generosamente como esperáis ser perdonados por vuestro Padre celestial. Instruidlos bondadosamente y ligadlos a vuestro corazón. Este es un tiempo crítico para los niños. Los rodearán influencias tendientes a separarlos de vosotros, y debéis contrarrestarlas. Enseñadles a hacer de vosotros sus confidentes. Permitidles contaros sus pruebas y goces. Estimulando esto, los salvaréis de muchas trampas que Satanás ha preparado para sus pies inexpertos. No tratéis a vuestros hijos únicamente con severidad, olvidándoos de vuestra propia niñez, y olvidándoos que ellos no son sino niños. No esperéis de ellos que sean perfectos, ni tratéis de obligarlos a actuar como hombres y mujeres enseguida. Obrando así, cerraríais la puerta de acceso que de otra manera pudierais tener hacia ellos, y los impulsaríais a abrir la puerta a las influencias perjudiciales, que permitirían a otros envenenar sus mentes juveniles antes de advertir el peligro.
Satanás y su hueste están haciendo arduos esfuerzos para desviar la mente de los niños, y éstos deben ser tratados con franqueza, ternura y amor cristianos. Esto os dará una poderosa influencia sobre ellos, y les hará sentir que pueden depositar una confianza ilimitada en vosotros. Rodead a vuestros hijos de los encantos del hogar y de vuestra sociedad. Si lo hacéis, no tendrán mucho deseo de trabar relaciones con otros jóvenes… A causa de los males que imperan hoy en el mundo, y de la restricción que es necesario imponer a los hijos, los padres deben tener doble cuidado de ligarlos a sus corazones y de dejarles ver que desean hacerlos felices.
Los padres no deben olvidar cuánto anhelaban en su niñez la manifestación de simpatía y amor, y cuan desgraciados se sentían cuando se les censuraba y reprendía con irritación. Deben rejuvenecer sus sentimientos, y transigir mentalmente para comprender las necesidades de sus hijos. Sin embargo, con firmeza mezclada de amor, deben exigirles obediencia.18
Conclusión
El gran peso en la educación de los hijos descansa sobre la madre. Ella es quién forma sus caracteres. La mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo. Madres, recordad que en vuestro trabajo el Creador del universo os ayudará. En su poder, y mediante su nombre, podéis conducir a vuestros hijos hasta que sean vencedores. Enseñadles a volverse a Dios en busca de ayuda. Decidles que él escucha sus oraciones. Enseñadles a vencer el mal con el bien. Enseñadles a ejercer una influencia que es elevadora y ennoblecedora. Conducidlos para que se unan con Dios, y luego tendrán poder para resistir las tentaciones más fuertes. Entonces recibirán la recompensa del vencedor.19
¡Oh, si cada madre pudiera comprender cuan enormes son sus deberes y sus responsabilidades, y cuán grande será la recompensa de su fidelidad! La influencia diaria que la madre ejerce sobre sus hijos los prepara para la vida eterna o para la muerte eterna. En su hogar ella ejerce un poder más decisivo que el del ministro en el pulpito, y aun que el del rey en su trono. El día de Dios revelará cuánto le debe el mundo a las madres piadosas por la preparación de hombres que fueron intrépidos defensores de la verdad y la reforma: hombres resueltos en acción y propósito, que supieron mantenerse impávidos en medio de pruebas y tentaciones; hombres que eligieron los intereses elevados y santos de la verdad y la gloria de Dios, antes que los honores mundanos o la vida misma.
Cuando se haya iniciado el juicio, y los libros hayan sido abiertos; cuando el gran Juez haya pronunciado su "bien hecho" y se haya colocado la corona de gloria sobre las sienes del vencedor, muchos levantarán en alto sus coronas a la vista del universo reunido, y señalando a sus madres dirán: "Ella me hizo lo que soy por la gracia de Dios. Su enseñanza y sus oraciones fueron bendecidas para mi eterna salvación"20
ienes una gran obra, un santo llamado. Si eres una de aquellas que deben ser la luz del mundo, esa luz debe brillar en tu hogar. Allí debes ejemplificar las gracias cristianas, ser amable, paciente, bondadosa, aunque firme…..Las madres no aprecian ni la mitad de sus privilegios y posibilidades. No parecen entender que pueden ser misioneras en el más alto sentido, obreras con Dios ayudando a sus hijos a forjar un carácter simétrico. Ésta es la gran carga de trabajo dada por Dios. La madre es el agente de Dios para cristianizar a su familia. Debe ejemplificar la religión bíblica, mostrando cómo su influencia debe controlarnos en los deberes y placeres cotidianos, enseñando a sus hijos que solamente pueden ser salvos por la gracia, a través de la fe que es el don de Dios. Esta enseñanza constante acerca de lo que es Cristo para nosotros y para a ellos, su amor, su bondad, su misericordia, revelados en el gran plan de la redención, tendrán una impresión santificadora y consagratoria sobre el corazón.
La reprensión y el enojo, reuniendo nubes y oscuridad sobre el alma, sólo traerán sombra y desaliento en la vida del hogar. No permitan que una palabra de irritación, áspera o exaltada, escape de los labios. La gracia de Cristo aguarda su pedido. Su Espíritu tomará el control del corazón y la conciencia, gobernando sobre sus palabras y actos. Nunca pierdan el respeto de sí mismo por palabras precipitadas, irreflexivas. Observen que sus palabras sean puras, su conversación santa. Den un ejemplo a sus hijos de lo que desean que ellos sean.1
Una Influencia Celestial
Madres, es vuestro privilegio unir los hijos a vuestro corazón con las más tiernas y fuertes cuerdas del amor.2La madre debe ser especialmente preparada para su señalada obra de paciente labor. Es su privilegio y sagrado deber instruir a todos los que están bajo su cuidado e influencia, mediante sus enseñanzas y su ejemplo, hacia vidas de utilidad. Cada mujer tiene una influencia sobre aquellos con quienes se asocia. Esa influencia puede ser buena o mala. La madre ejerce continuamente su influencia. Cada mirada de sus ojos, cada palabra que sus labios profieren, cada acto de su vida, lleva implícita una influencia que tiene el poder de afectar el carácter y el destino futuro de sus hijos. Esta influencia puede alegrar el corazón, o traer desánimo, y deformar el carácter.
En vista de estos hechos, las madres deben tomar tiempo para reflexión y oración. Deben buscar con fervor la sabiduría de Dios.3 Tenemos mucho que aprender con respecto a la educación del niño. Al enseñar al pequeño a hacer cosas, no debemos reñirle. Nunca debemos decir: "¿Por qué no hiciste esto?" Digan: "Niños, ayuden a mamá a hacer esto"; o: "Vengan, niños, hagamos esto". Seamos sus compañeros haciendo estas cosas. Cuando terminen su trabajo, felicítenlos.
Hace años los niños en mi casa estaban aprendiendo a tejer. Uno de ellos me dijo: "Mamá, me gustaría saber si estoy ayudándote al tratar de hacer este tejido. "Yo sabía que debería deshacer cada puntada, pero contesté: "Sí, hijo, estás ayudándome." ¿Por qué podía decir que ellos estaban ayudándome? Porque estaban aprendiendo. Como no hicieron las puntadas según debían ser hechas, deshice después cada puntada, pero nunca les condené por su fracaso. Pacientemente les enseñé hasta que supieron tejer correctamente.
La madre es la reina del hogar. No debe permitirles a sus hijos que la traten como una esclava. Muchas madres han bajado a la tumba con un corazón quebrantado, porque se hicieron esclavas, realizando tareas que debían de haber enseñado para que las hagan sus hijos. Cada madre debe enseñar a sus hijos que ellos son miembros de la empresa familiar, y deben llevar su parte en las responsabilidades de esta empresa. Cada miembro de la familia debe llevar estas responsabilidades tan fielmente como los miembros de la iglesia llevan las responsabilidades de la iglesia.4
Enséñeles a sus hijos el camino del Señor. En el culto matutino y vespertino únanse con ellos leyendo la Biblia y cantando hermosos himnos de alabanza. Aprendan a repetir la ley de Dios.5
Amor Refrenador

La salvación de los hijos depende en gran manera de la dirección seguida por los padres. Los niños deben ser refrenados, y sus pasiones dominadas, o Dios ciertamente los destruirá en el día de su ira; y los padres que no los han controlado no serán sin culpa. Esto es así porque la enseñanza del hogar es defectuosa, porque la juventud es tan mal dispuesta de someterse a la autoridad adecuada. Yo soy una madre. Sé de qué hablo cuando digo que la juventud y los niños no sólo están más seguros sino que son más felices bajo la sana represión que siguiendo sus propias inclinaciones. Padres, sus hijos e hijas no están debidamente protegidos. Nunca deben permitirles ir y venir cuando les place, sin su conocimiento y consentimiento. La libertad sin límites concedida a los niños en esta época ha demostrado ser la ruina de miles….
Las madres son responsables en gran medida de la salud y las vidas de sus hijos, y deben ser inteligentes con respecto a leyes de las cuales dependen la vida y la salud. Los padres deben enseñar a sus hijos a través del ejemplo que la salud debe ser considerada como la principal bendición terrenal; que todos los placeres e indulgencias que interfieren con la salud deben ser sacrificados. Si los hijos son enseñados en abnegación y dominio propio, serán mucho más felices que si se les permite satisfacer sus deseos de placer y extravagancia en el vestido.
El mundo puede pedir nuestro tiempo y afectos, la moda puede invitar nuestro apoyo pero las palabras del apóstol deben ser suficientes para proteger a las madres cristianas de la indulgencia del orgullo en el vestir y los entretenimientos desmoralizantes: "¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios." (Santiago 4:4.)
Las madres cristianas deben tomar su posición en la plataforma de la verdad y la justicia; y cuando instigadas a unirse con el mundo para apoyar las modas que destruyen la salud y desmoralizan, deben contestar: "Estamos haciendo una gran obra, y no podemos desviarnos. Buscamos desarrollar en nuestros hijos salud, caracteres dignos y bellos, que puedan bendecir al mundo con su influencia, y tengan belleza y gloria inmortal en el mundo por venir."6
Los niños se vuelven a menudo impacientes bajo las restricciones, y quieren cumplir su voluntad, e ir y venir como les place. Especialmente entre los diez y los dieciocho años, se inclinan a sentir que no hay daño alguno en ir a reuniones mundanales de compañeros jóvenes. Los padres cristianos experimentados pueden ver el peligro. Se han familiarizado con los temperamentos peculiares de sus hijos, y conocen la influencia que estas cosas tienen sobre su mente; y porque desean su salvación, debieran impedirles esas diversiones excitantes.7
Si mi voz pudiera llegar a los padres por todo el país, les advertiría que no cedieran a los deseos de sus hijos en la elección de sus compañeros o colegas. Poco se dan cuenta los padres que los jóvenes aceptan mucho más fácilmente las impresiones perjudiciales que las impresiones divinas; por lo tanto sus asociaciones deberían ser las más favorables para el crecimiento de la gracia y para que la verdad revelada en la Palabra de Dios se establezca en su corazón. Si los niños están con aquellos cuyas conversaciones tratan de cosas terrenales y sin importancia, sus mentes bajarán a ese mismo nivel. Si oyen burlas acerca de los principios de la religión y sé menosprecia nuestra fe, si se dejan caer en sus oídos objeciones sutiles a la verdad, estas cosas se fijarán en sus mentes y moldearán sus caracteres. Si sus mentes se llenan con cuentos, sean verdaderos o ficticios, no hay lugar para la información útil y el conocimiento científico que debiera ocuparlos.8
¡Vigilad, Vigilad, Vigilad!
Satanás trabaja a través de jóvenes compañeros para influenciar y adulterar las mentes de cada uno. Es la manera más eficaz en que puede trabajar. Los compañeros jóvenes tienen una influencia poderosa sobre los demás. Su conversación no siempre es selecta y elevada. Mensajes inicuos pueden ser murmurados en el oído, que, si no son decididamente resistidos, encontrarán albergue en el corazón, se enraizarán, y brotarán para dar frutos, corrompiendo sus buenos modales.9Algunos están inclinándose constantemente hacia la mundanalidad. Sus opiniones y sentimientos armonizan mucho mejor con el espíritu del mundo que con el de los abnegados seguidores de Cristo. Es perfectamente natural que prefieran la compañía de aquellos cuyo espíritu concuerde mejor con el suyo. Y los tales tienen demasiada influencia entre el pueblo de Dios.
Dios no reconoce como seguidor suyo al que busca el placer. Únicamente los abnegados, los que viven con sobriedad, humildad y santidad, son verdaderos seguidores de Jesús. Y los tales no pueden disfrutar de la conversación frívola y vacía del que ama al mundo.10
A los jóvenes no se les debe dejar aprender sin discriminación el bien y el mal, pensando los padres que en alguna oportunidad futura el bien predominará y el mal perderá su influencia. El mal crecerá más rápidamente que el bien. Es posible que el mal que aprendan los niños pueda desarraigarse después de muchos años, pero ¿quién puede confiar en ello? El tiempo es corto. Es más fácil y mucho más seguro sembrar semillas limpias y buenas en los corazones de sus hijos, que desarraigar las cizañas más adelante.11
Nuestro Creador declara que los hábitos de la madre previos al nacimiento de su hijo afectarán su carácter y destino. Al hablar a... madre [la esposa de Manoa, en Jueces capítulo 13], el Señor habló a todas las madres ansiosas y apesadumbradas de este tiempo, y a todas las madres de las generaciones siguientes. Sí, toda madre puede comprender su deber ahora. Puede estar segura que el carácter de sus hijos dependerá enormemente más de sus propios hábitos antes de su nacimiento, y de sus esfuerzos personales después del mismo, que de ventajas o desventajas externas. Si la madre desea ser una maestra adecuada para sus hijos, formará hábitos de abnegación y dominio propio antes de su nacimiento.12
Si se disciplina debidamente a los hijos, pronto aprenderán que no conseguirán nada llorando o irritándose. Una madre juiciosa obrará para educar a sus hijos, no en lo que atañe a su comodidad presente sino también a su bien futuro.13
Los pobres pequeños no razonan para saber o entender el significado de una corrección a la edad de ocho, nueve o diez meses, y empiezan a mostrar obstinación desde muy chicos, y ésta es abrigada y nutrida por sus padres hasta que sus malas inclinaciones crecen con su desarrollo y se fortalecen con su fuerza.14
Mucho de la ansiedad y aflicción de los padres podría haberse evitado, si se hubiera enseñado a los niños desde la cuna que su voluntad no puede constituirse en ley ni ser complacidos continuamente sus caprichos. No es tan difícil, como se supone generalmente, enseñar a los niñitos que dominen sus estallidos de mal genio y sometan sus accesos de furia.
Pocos padres comienzan suficientemente temprano a enseñar obediencia a sus hijos. Generalmente se permite que el niño tome la delantera en dos o tres años a sus padres, quienes se abstienen de disciplinarlo, pensando que es demasiado joven para aprender a obedecer. Pero durante todo este tiempo el yo se va fortaleciendo en el pequeño ser, y cada día torna más difícil la tarea de los padres de dominar al niño. Los niños, a una edad muy temprana, pueden comprender lo que es más sencillo y fácil para ellos, y mediante métodos juiciosos, puede enseñárseles a obedecer. He visto con frecuencia a niños a quienes se les negó algo que querían, arrojarse al suelo enojados, dando puntapiés y gritando, mientras que la madre poco juiciosa alternativamente suplicaba y regañaba con la esperanza de restaurar el buen humor en su hijo. Este proceder tan sólo fomenta las pasiones del niño. La próxima vez procederá de la misma manera con terquedad aumentada, confiando en ganar la victoria como antes. Así se escatima la vara y se malcría al hijo.
La madre no debiera permitir que su hijo ganara terreno sobre ella ni una sola vez. Y a fin de mantener esta autoridad, no es necesario recurrir a medidas ásperas. Una mano firme y constante y la bondad que convence al niño de vuestro amor realizarán el propósito. Pero si se permite que el egoísmo, la ira y la obstinación se posesionen del niño durante los tres primeros años de su vida, resultará muy difícil someterlo a una disciplina conveniente. Su genio se ha tornado displicente; se complace en hacer su propia voluntad; el control paternal le resulta desagradable. Estas tendencias negativas se desarrollan con el crecimiento del niño, hasta que, en la adultez, el egoísmo supremo y la falta de dominio propio lo colocan a merced de los males desenfrenados de nuestra sociedad.15
A cada madre se confían oportunidades de valor inestimable e intereses infinitamente preciosos. Durante los tres primeros años de la vida del profeta Samuel, su madre le enseñó cuidadosamente a distinguir entre el bien y el mal.16
Muchos descuidan su deber durante los primeros años de la vida de sus hijos, pensando que cuando lleguen a ser mayores tendrán entonces mucho cuidado para reprimir lo malo y educarlos en lo bueno. Pero la época en que deben llevar a cabo esta obra es cuando los niños, son tiernos lactantes en sus brazos. No es correcto que los padres mimen y echen a perder a sus hijos; ni tampoco es correcto que los maltraten. Una conducta firme, decidida y recta producirá los mejores resultados.17
Cuando bajo tensión...

A veces todo parece ir mal. Hay intranquilidad en el ambiente, y todos pasan momentos desdichados. Los padres echan la culpa a los pobres niños, y piensan que son desobedientes e indisciplinados, los peores niños del mundo, cuando la causa de la dificultad reside en ellos mismos. Algunos padres suscitan muchas tormentas por su falta de dominio propio. En vez de pedir bondadosamente a los niños que hagan esto o aquello, les dan órdenes en tono de reprensión, y al mismo tiempo tienen en los labios censuras o reproches que los niños no merecieron. Padres, esta conducta para con vuestros hijos destruye su alegría y ambición. Ellos cumplen vuestras órdenes, no por amor, sino porque no se atreven a obrar de otro modo. No ponen su corazón en el asunto. Les resulta un trabajo penoso en vez de un placer; y a menudo por esto mismo se olvidan de seguir todas vuestras indicaciones, lo cual acrece vuestra irritación y empeora la situación de los niños. Las censuras se repiten; se les pinta con vivos colores su mala conducta, hasta que el desaliento se posesiona de ellos, y no les interesa agradaros. Se apodera de ellos un espíritu que los impulsa a decir: "A mí qué me importa", y van a buscar fuera del hogar, lejos de sus padres, el placer y deleite que no encuentran en casa. Frecuentan las compañías de la calle, y pronto se corrompen tanto como los peores.
¿Sobre quiénes descansa este gran pecado? Si el hogar fuera atractivo, si los padres manifestaran amor y afecto por sus hijos, y con bondad encontraran ocupaciones para ellos, instruyendo con amor cómo obedecer sus deseos, habrían tocado la cuerda de la respuesta en sus corazones, y sus pies bien dispuestos, y sus manos y sus corazones, estarían listos a obedecerles. Padres, mediante el dominio propio, hablando amablemente, elogiando a sus hijos cuando intentan hacer lo correcto, animarán sus buenos esfuerzos, haciéndolos muy felices, y logrando una atracción en el círculo familiar que desterrará toda sombra, y traerá la alegre luz del sol…
Padres, cuando os sentís nerviosos, no debéis cometer el gravé pecado de envenenar a toda la familia con esta irritabilidad peligrosa. En tales ocasiones, ejerced sobre vosotros mismos una vigilancia doble, y resolved en vuestro corazón no ofender con vuestros labios, sino pronunciar solamente palabras agradables y alegres. Decíos: "No echaré a perder la felicidad de mis hijos con una sola palabra de irritación." Dominándoos así vosotros mismos, os fortaleceréis. Vuestro sistema nervioso no será tan sensible. Quedaréis fortalecidos por los principios de lo recto. La conciencia de que estáis desempeñando fielmente vuestro deber, os fortalecerá. Los ángeles de Dios sonreirán al ver vuestros esfuerzos, y os ayudarán…
La madre puede y debe hacer mucho para dominar sus nervios y ánimo cuando esté deprimida. Aun cuando está enferma, puede, si se educa a sí misma, manifestar una disposición agradable y alegre, y puede soportar más ruido de lo que una vez creyera posible. Si las enfermedades, o la depresión de espíritu afecta a la madre, no debiera hacer sentir a los niños su propia flaqueza y nublar sus mentes jóvenes y sensibles, haciéndoles sentir que la casa es una tumba y que la pieza de mamá es el lugar más lúgubre del mundo. La mente y los nervios se entonan y fortalecen por el ejercicio de la voluntad. En muchos casos, la fuerza de voluntad resultará ser un potente calmante de los nervios.
No dejéis que vuestros hijos os vean con rostros ceñudos. Si ellos ceden a la tentación, y luego ven su error y se arrepienten de él, perdonadles tan generosamente como esperáis ser perdonados por vuestro Padre celestial. Instruidlos bondadosamente y ligadlos a vuestro corazón. Este es un tiempo crítico para los niños. Los rodearán influencias tendientes a separarlos de vosotros, y debéis contrarrestarlas. Enseñadles a hacer de vosotros sus confidentes. Permitidles contaros sus pruebas y goces. Estimulando esto, los salvaréis de muchas trampas que Satanás ha preparado para sus pies inexpertos. No tratéis a vuestros hijos únicamente con severidad, olvidándoos de vuestra propia niñez, y olvidándoos que ellos no son sino niños. No esperéis de ellos que sean perfectos, ni tratéis de obligarlos a actuar como hombres y mujeres enseguida. Obrando así, cerraríais la puerta de acceso que de otra manera pudierais tener hacia ellos, y los impulsaríais a abrir la puerta a las influencias perjudiciales, que permitirían a otros envenenar sus mentes juveniles antes de advertir el peligro.
Satanás y su hueste están haciendo arduos esfuerzos para desviar la mente de los niños, y éstos deben ser tratados con franqueza, ternura y amor cristianos. Esto os dará una poderosa influencia sobre ellos, y les hará sentir que pueden depositar una confianza ilimitada en vosotros. Rodead a vuestros hijos de los encantos del hogar y de vuestra sociedad. Si lo hacéis, no tendrán mucho deseo de trabar relaciones con otros jóvenes… A causa de los males que imperan hoy en el mundo, y de la restricción que es necesario imponer a los hijos, los padres deben tener doble cuidado de ligarlos a sus corazones y de dejarles ver que desean hacerlos felices.
Los padres no deben olvidar cuánto anhelaban en su niñez la manifestación de simpatía y amor, y cuan desgraciados se sentían cuando se les censuraba y reprendía con irritación. Deben rejuvenecer sus sentimientos, y transigir mentalmente para comprender las necesidades de sus hijos. Sin embargo, con firmeza mezclada de amor, deben exigirles obediencia.18
Conclusión
El gran peso en la educación de los hijos descansa sobre la madre. Ella es quién forma sus caracteres. La mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo. Madres, recordad que en vuestro trabajo el Creador del universo os ayudará. En su poder, y mediante su nombre, podéis conducir a vuestros hijos hasta que sean vencedores. Enseñadles a volverse a Dios en busca de ayuda. Decidles que él escucha sus oraciones. Enseñadles a vencer el mal con el bien. Enseñadles a ejercer una influencia que es elevadora y ennoblecedora. Conducidlos para que se unan con Dios, y luego tendrán poder para resistir las tentaciones más fuertes. Entonces recibirán la recompensa del vencedor.19
¡Oh, si cada madre pudiera comprender cuan enormes son sus deberes y sus responsabilidades, y cuán grande será la recompensa de su fidelidad! La influencia diaria que la madre ejerce sobre sus hijos los prepara para la vida eterna o para la muerte eterna. En su hogar ella ejerce un poder más decisivo que el del ministro en el pulpito, y aun que el del rey en su trono. El día de Dios revelará cuánto le debe el mundo a las madres piadosas por la preparación de hombres que fueron intrépidos defensores de la verdad y la reforma: hombres resueltos en acción y propósito, que supieron mantenerse impávidos en medio de pruebas y tentaciones; hombres que eligieron los intereses elevados y santos de la verdad y la gloria de Dios, antes que los honores mundanos o la vida misma.
Cuando se haya iniciado el juicio, y los libros hayan sido abiertos; cuando el gran Juez haya pronunciado su "bien hecho" y se haya colocado la corona de gloria sobre las sienes del vencedor, muchos levantarán en alto sus coronas a la vista del universo reunido, y señalando a sus madres dirán: "Ella me hizo lo que soy por la gracia de Dios. Su enseñanza y sus oraciones fueron bendecidas para mi eterna salvación"20
Referencias:
1 Review and Herald, Sep. 15, 1891.
2 The Advocate, Marzo 1,1902.
3 The Health Reformer, Abril 1,1880.
4 The Bible Echo, Febrero 13, 1903.
5 The Advocate, Marzo 1, 1902.
6 The Home Missionary, Junio 1, 1889
7 Consejos para los maestros, padres y alumnos, pág.311.
8 Testimonies, tomo 5, págs. 544,545
9 The Review and Herald, Enero 20, 1863.
10 Conseja para los maestros, padres y alumnos, pág.311, 312.
11 Christian Temperance and Bible Hygiene, págs. 138, 139
12 The Signs of the Times, Septiembre 15, 1881
13 Mensajes S., tomo 2, págs 503, 504
14 Manuscript Releases, tomo 7, pág. I
15 The Health Reformer, Abril 1, 1877
16 The Review and Herald, Septiembre 8, 1904.
17 Testimonies, tomo 4, pág. 313
18 The Review and Herald, Enero 20, 1863.
19 Idem., Julio 9, 1901.
20 The Signs of the Times, Noviembre 3, 1881.
1 Review and Herald, Sep. 15, 1891.
2 The Advocate, Marzo 1,1902.
3 The Health Reformer, Abril 1,1880.
4 The Bible Echo, Febrero 13, 1903.
5 The Advocate, Marzo 1, 1902.
6 The Home Missionary, Junio 1, 1889
7 Consejos para los maestros, padres y alumnos, pág.311.
8 Testimonies, tomo 5, págs. 544,545
9 The Review and Herald, Enero 20, 1863.
10 Conseja para los maestros, padres y alumnos, pág.311, 312.
11 Christian Temperance and Bible Hygiene, págs. 138, 139
12 The Signs of the Times, Septiembre 15, 1881
13 Mensajes S., tomo 2, págs 503, 504
14 Manuscript Releases, tomo 7, pág. I
15 The Health Reformer, Abril 1, 1877
16 The Review and Herald, Septiembre 8, 1904.
17 Testimonies, tomo 4, pág. 313
18 The Review and Herald, Enero 20, 1863.
19 Idem., Julio 9, 1901.
20 The Signs of the Times, Noviembre 3, 1881.
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